martes, 17 de octubre de 2017

Lectura, poética y política en la primera infancia

"Dar de leer a los más pequeños puede favorecer la equidad desde el comienzo de la vida, puesto que ofrece a todos los niños la oportunidad para descifrarse, expresarse, acceder a la cultura y aprender en igualdad de condiciones". Esta frase pertenece al texto de la escritora y educadora Yolanda Reyes en torno a la lectura en la primera infancia. Nacida en Colombia, en 1959, Reyes es autora de numerosos ensayos sobre la formación de lectores, además de ofrecer destacados seminarios y conferencias. En 1990 se unió a Cristina López, Irene Vasco y Carmiña López, para crear un espacio dedicado a la primera infancia. Así nació Espantapájaros, un referente en el panorama de la educación inicial en Colombia y Latinoamérica. 

Hablar de literatura en la primera infancia implica abrir las posibilidades a todas las construcciones de lenguaje –oral, escrito y no verbal– que envuelven amorosamente a los recién llegados para darles la bienvenida al mundo. Las experiencias literarias para la infancia abarcan diversos géneros: la poesía, la narrativa, los libros-álbum y los libros informativos, pero más allá de géneros y textos, aluden a la piel, al tacto y al contacto, a la musicalidad de las voces adultas y al ritmo de sus cuerpos que cantan, encantan, cuentan y acarician. Esa importancia de la experiencia literaria en la psiquis humana también ha replanteado la idea tradicional de la "lectura", en tanto que antes y mucho más allá de lo alfabético, los niños "leen" de múltiples maneras, es decir, descifran e interpretan diversos textos. 
El lugar de la literatura: un recorrido desde el nacimiento.
La voz y la madre poesía
En esas primeras "conversaciones" con múltiples lenguajes que enlazan a la madre y al padre con el recién nacido, podemos decir que nace la literatura y, más exactamente, la poesía. Así, mientras incorporan las voces de sus seres queridos, se entrenan como "oidores poéticos" y ese entrenamiento es crucial, tanto para la adquisición del lenguaje verbal, como para la consolidación de sus vínculos afectivos. Los arrullos, juegos, rimas y cuentos corporales  transmiten al bebé una experiencia poética que  se imprime en su memoria y lo ayuda a "pensar" en el lenguaje, es decir a explorar sonidos similares y diferentes, acentos, intenciones y  matices de su lengua materna.





Los bebés "leen" con la piel y las orejas y su atención se centra más en la musicalidad de las palabras que en su sentido literal, como lo hacen los poetas.





Primeras aventuras por el mundo de los libros

©Tintaleo
Las posibilidades de sentarse, gatear, dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras, ofrecen al bebé nuevas perspectivas del mundo y, a medida que éste se ensancha, accede también a esos "mundos-otros" de los libros de imágenes que hojea junto a los adultos, en la pequeña biblioteca del jardín o del hogar. Cuando le leemos a un bebé, él descubre que, en esa convención cultural llamada libro, se hace de cuenta que esas imágenes de bebés o de perros, "representan" perros o bebés reales. Pero, además, las imágenes que se encadenan le permiten descubrir otra operación crucial de la lectura: la organización del tiempo en el espacio gráfico del libro y el orden espacial. Así se descubre, no sólo la "direccionalidad" de la lectura sino también que, en ese conjunto de líneas y de páginas la humanidad "guarda" sus historias y que allí podemos encontrar algo nuestro: que esos personajes y esas historias nos representan.

Explorar los mundos de la ficción y los de la realidad

A medida que el lenguaje verbal se va sofisticando y otorga poderes de abstracción y de imaginación, los niños descubren la complejidad de un mundo paralelo e invisible, no exento de sombras y de monstruos. Además del poder emocional que posee la ficción para nombrar los dramas infantiles y darles una resolución simbólica, los niños descubren que existe un lenguaje distinto al cotidiano. Todo ese acopio de historia nutre el pensamiento, y la prueba de ello es la cantidad y la calidad de los recursos narrativos que poseen los niños que han tenido contacto permanente con los cuentos y que incorporan, casi sin darse cuenta, las estructuras temporales y las operaciones de planeación propias de la lengua del relato, lo cual se traduce también en la forma como pueden contar historias sobre sí mismos. Adicionalmente, las historias contadas o leídas permiten explorar las convenciones del lenguaje escrito: las pausas, las inflexiones y los tonos interrogativos o exclamativos que se usan "para escribir la oralidad", les sirven como un archivo que será indispensable para su posterior acercamiento a la lectura  alfabética.




Esta experiencia como lectores, en tanto  constructores de sentido, resultará crucial para su desarrollo emocional y cognitivo y les ofrecerá bases para acercarse paulatinamente a las operaciones propias de la lengua escrita.



A las puertas del lenguaje escrito

©Tintaleo
Aprender a leer y escribir, en el sentido alfabético, es un complejo rito de tránsito, pues el lenguaje escrito no es la mera transposición del lenguaje oral y requiere de complejos procesos de análisis y síntesis para acceder a otra forma de comunicarse. Por ello, el contacto con la literatura proporciona herramientas imprescindibles para familiarizarse con el lenguaje escrito: la conciencia fonológica desarrollada mediante la exposición al juego con la música y la poesía permite saber que las palabras pueden descomponerse y brinda claves sonoras para la decodificación; las estructuras narrativas de los cuentos facilitan el acceso al "mundo-otro" de los símbolos escritos; la experiencia espacial de hojear libros de imágenes ofrece nociones de lateralidad,  definitivas para el manejo del espacio gráfico; la riqueza de vocabulario facilita las nuevas operaciones de construcción de sentido y, todo ello, adicionalmente fomenta el deseo de leer.


El significado de "dar de leer" en la primera infancia



Conversar espontáneamente sobre lo leído y leerles mucho, pero sobre todo "leer-los", lo cual implica conocer y escudriñar, más allá de las páginas, quiénes son, qué historias prefieren y cómo éstas se relacionan con sus experiencias.




La experiencia literaria se vive y se disfruta a través de la mediación adulta y por ello, no se puede hablar de un lector "autodidacta" en la infancia, sino de una pareja lectora (niño-adulto) o más bien, de un triángulo amoroso (libro- mediador-niño). Las voces adultas, sus "cuerpos que cantan", sus rostros y sus historias son los textos por excelencia de los más pequeños y sus modelos lectores. Cantar, jugar y contar significa también "contar con ellos", es decir, escucharlos, estimular su deseo de contar sus experiencias e historias, acompañarlos con palabras afectuosas, rítmicas o divertidas, dejarlos tocar, probar, hojear y comentar sus libros.

Leer cuentos a los niños es nutrir su pensamiento y su imaginación y ofrecerles el material esencial para crear su propia historia con todos los lenguajes posibles: los ya inventados y los están por inventar. He ahí el lugar de la literatura en la construcción de los cimientos de la casa imaginaria; he ahí el legado para que cada niño pueda llegar adonde quiera: "al infinito… ¡y más allá!".




LIBROS DE EDICIONES EKARÉ PARA LOS MÁS PEQUEÑOS


A partir de 0 años
Los libros de la colección Pikinini reúnen las características ideales para que desde sus primeros meses, los bebés puedan relacionarse con divertidas historias, juegos y canciones: cartón, textos breves y rítmicos, ilustraciones coloridas, esquinas redondeadas, un tamaño accesible a manos pequeñas. 




A partir de 4 años
El momento en que los niños comienzan a iniciarse en la lecto-escritura es muy importante, por ello es primordial presentarles buenas historias que ellos disfruten escuchar y leer varias veces.






Texto publicado, con mayor extensión, en la página web de Espantapájaros.
Algunas imágenes pertenecen a Tintaleo, librería online de literatura infantil en español.

No hay comentarios:

Publicar un comentario