viernes, 21 de abril de 2017

Tardes de Altamira: Altibajos de la LIJ

En la segunda sesión de Tardes de Altamira en Ediciones Ekaré, Teresa Duran, autora y crítica de literatura infantil y juvenil (LIJ), doctora en Pedagogía y profesora del Departamento de Didáctica de la Educación Visual y Plástica de la Universidad de Barcelona y gran amiga de la editorial, despertó un interesante debate sobre los altibajos de la LIJ. Estas tardes, programadas para los últimos miércoles de cada mes, se transmitirán por Facebook Live para todos aquellos que deseen seguirlas en directo, desde cualquier lugar.


"El mundo es grande, muy grande. Aunque está lleno de cosas pequeñas, a veces muy pequeñas.
Tan ínfimas como los átomos o las células.

Las cosas grandes, a menudo, hacen sombra a las cosas pequeñas. Y no dejan verlas. O las ningunean. No sé por qué...

En este mundo existe la costumbre de oponer las cosas: lo bueno y lo malo, lo fuerte y lo débil, lo tonto y lo sabio, lo alto y lo bajo, lo gordo y lo flaco, lo claro y lo oscuro, etc.

La disparidad no es negativa, al contrario: lo distinto acostumbra a resultar atractivo y fecundo cuando se junta. Lo malo es que, demasiado a menudo, en lugar de sumar o multiplicar conceptos distintos, se les jerarquiza.

Entonces, uno de los opuestos pasa a considerarse mejor que el otro y a todas luces superior. En general se tiende a fijarse más en lo aparentemente mayor que en lo aparentemente menor, y se prefiere lo fuerte a lo frágil, lo sabio a lo a tonto, lo rico a lo pobre, etc… Y se da prioridad a lo mayor, más rico o más sabio. No sé por qué…

Son grandes los océanos, más que las tierras. De entre las tierras, parece que hay más en el norte que en el sur. Y por ello el Norte se supone más importante que el Sur. No sé por qué…

Son grandes las montañas, más que las piedras. Pero hay más piedras que montañas. Y, al fin y al cabo, las montañas están hechas de piedra…en su mayoría, ¿no?

También es cierto que las piedras son más grandes que un grano de arena, pero es de suponer que hay infinitamente más granos de arena que piedras o, por supuesto, montañas.

No lo sé, nadie ha contado cuántos granos de arena hay en este mundo. En cambio sí se pueden contar las montañas porque, además, alguien les puso nombre".


Para ver el resto del encuentro haz click en el video:





Y para todos aquellos que tengan interés, encontrarán en este enlace un resumen y el video de la primera sesión: Anna Castagnoli y Arrianna Squilloni, La experiencia como jurados en la Muestra de Ilustradores de Bologna. 


Tardes de Altamira, miércoles 29 de marzo de 2017. Barcelona, España.

miércoles, 5 de abril de 2017

Palabras de Arianna Squilloni sobre El armario chino

Arianna Squilloni, escritora de En casa de mi abuelos y fundadora de la editorial A Buen Paso, escribió para la presentación de El armario chino de Javier Sáez Castán un texto repleto de ideas, claves y preguntas, e incluso alguna que otra respuesta en torno a un libro extraordinario. Va aquí como memoria de un encuentro inolvidable en la librería Abracadabra en Barcelona, España. 

China está lejos, eso se sabe, tan lejos como el azul lo está del color rojo, como lo que cada uno de nosotros es lo está de lo que podría ser; lo que cada uno hace, de lo que podría hacer, como el agua del fuego.

Como todo lo que está lejos, todo lo que es otro, China nos atrae, al menos suele hacerlo, al menos lo hacía en la Europa de hace algunos siglos… Como todo lo que está lejos, nos atrae al mismo tiempo que nos da miedo y nos repele.

Javier Sáez Castán, de la mano de Ekaré, nos trae un extracto del catálogo de antigüedades chinas de un tal Mons Snow, este extracto (lleno de pequeños acertijos) nos habla del armario chino y nos ofrece un ejemplo práctico de su funcionamiento. Nos habla Mons Snow de un objeto encontrado en el barrio chino de San Francisco en 1881, cuando era joven, cuando la vida le sonreía y todo hacía presagiar un brillante futuro para él.

Mons Snow, este señor de extraño nombre especular que ahora nos escribe desde un lugar llamado Neuquén, nos ofrece todos los ingredientes de una historia inquietante, de una historia al estilo de Poe, en la que sabemos que estamos a punto de toparnos con un objeto, un catalizador del cambio y de la obsesión.

En la oscuridad de un miserable bazar, descubre Mons Snow el armario chino y con él se dará pronto cuenta de que la oscuridad puede ser luz, que el azul puede ser rojo, que la distancia que media entre lo que somos y lo que podríamos ser es una relación entre probabilidad y casualidad. Lo que nos hace aterrizar en que lo real es determinado por las circunstancias que se meten en medio. Así como en el libro se mete en medio una habitación que no solo contiene un armario chino, sino que además media entre el fuego de la chimenea del comedor y el agua de la bañera.

La distancia entre la oscuridad y la luz es la distancia que hay en un intervalo de cinco minutos, entre el revuelo causado por un gato negro que juega con un ovillo y el silencioso aletear de una mariposa blanca.

Un gato negro, una mariposa blanca, un armario chino. Entonces uno no puede evitar tener algunas ideas, pensar en ciertos conceptos que están allí, han estado allá en China desde hace tiempo incontable: como por ejemplo el hecho de que cada ser posee un complemento que es necesario para su propia existencia, la idea del doble, de manera que nada existe en estado puro (a pesar de que los padres del libro se empeñen en bañar al hijo rojo para que sea azul y al azul para que vuelva a ser rojo). Tampoco nada existe en absoluta quietud (lo quieto adquiere cara de pasmado, como el tigre en el comedor, los patos* en la habitación y el pez en el baño). Sino que todo está en continua transformación. Y que cualquier idea, mirada desde otro punto de vista, acabará pareciéndose mucho a su contraria.






El yin y el yang: opuestos, interdependientes, divisibles, generados y consumidos mutuamente, susceptibles de convertirse en su opuesto, alojados el uno dentro del otro.

Hay en todas estas consideraciones un sabor curioso, un sabor a física cuántica, al funcionamiento del mundo tal como nos lo describe esta teoría. Quizás a los chinos no les suene tan rara (por lo visto lo saben desde siempre), pero a los occidentales… Dicen que técnicamente –es decir, desde un punto de vista práctico– la física cuántica funciona, pero que los científicos y los filósofos enloquecen tratando de describirla, de darle un marco teórico, porque ¿cómo explicar unas ondas, un mundo que, si bien se describe a través de ondas, cuando las observas se transforman en partículas? ¿Son ondas o son partículas? ¿No tendrían que decidir en qué lado están? Por lo visto no. Y por lo visto el armario chino lo explica.

Nos dice que la realidad no es estática, que todo es relación, así como las diminutas partículas de materia se hacen visibles solo cuando interactúan las unas con las otras. Por eso el niño se halla siempre en una fase de tránsito a través del armario, un armario que al principio estaba oculto en el caos de un miserable bazar chino…

Es de las barracas de feria, de los lugares sórdidos, a menudo de paso, de donde salen muchos de los escenarios y los objetos de S.C. (la máquina de sueños de Soñarío, los animales prodigiosos que se encuentran en Revillodia). Hay que concentrar la mirada, focalizarla en un punto concreto y diminuto para hallar el prodigio (eso no le pasa tan solo al autor, sino que le pasa también al Pequeño Rey con sus insectos, es como si este rey mirara el mundo a través de una lente). Y, cuando das con el objeto adecuado, ya te vuelves presa de su misterioso poder desestabilizador, ese mismo poder que tan solo poseen la curiosidad, el anhelo de conocimiento, vaya, los rasgos característicos del ser humano.

Javier Sáez Castán en sus obras nos hace partícipes de sus hallazgos: y, fiel a su espíritu de feria y a los gabinetes de curiosidades, para contarlos los pone en escena, por ejemplo creando una pantomima en dos actos para representar el natural recorrido de la naturaleza y de la cadena de actos y consecuencias, en el caso de los tres erizos; o creando un interior sobrio, tres habitaciones para escenificar el funcionamiento de un objeto provisto de un poder admirable, el armario chino precisamente. Ese artefacto inquietante, capaz de enredarte en juego del que no lograrás salir porque, tal como la vida, te darás cuenta de que siempre ha estado allí contigo. En una forma u otra.

*A la hora de hablar de los patos, puntualiza el autor que la que escribe este texto también se ha quedado pasmada al perderse la imagen de transformación que encierran: ¿serán patos con la boca abierta o conejos?”


Arianna Squilloni. Librería Abracadabra, octubre 2016