jueves, 21 de enero de 2016

¿Cómo hicimos "Vamos a cazar un oso"?

Helen Oxenbury y Michael Rosen, autores del libro Vamos a cazar un oso, contaron al periódico inglés The Guardian cómo fue el proceso creativo detrás de esta clásica historia. Ediciones Ekaré publicó la primera versión en español en 1989 con traducción de Verónica Uribe

Michael Rosen y Helen Oxenbury 

Helen Oxenbury, ilustradora. 

Escuché la historia por primera vez cuando Alison McMorland grabó una versión de la canción tradicional y me pidió que diseñara la portada del disco. De casualidad, Michael Rosen y su editor, David Lloyd, conocían la canción y pensaron que sería maravilloso hacer un libro para niños. Sin saber que yo había diseñado la portada del disco, me pidieron que ilustrara la historia.

Lo que más me gusta de Vamos a cazar un oso es que está escrito de tal manera que no restringe la imaginación del lector. En principio, Michael había pensado en un rey, una reina y un bufón para los personajes principales, pero inmediatamente lo vio como un grupo de niños. Todo el mundo piensa que el personaje mayor es el padre, pero de hecho es el hermano mayor. Me inspiré en mis propios hijos. No quería que hubiese adultos alrededor, porque suelen limitar la imaginación. El perro del libro era mi propio perro. 


Michael y yo no nos conocimos sino hasta el final del proyecto. Me dio toda la libertad posible. Usualmente debo hacer algunos bosquejos para mostrar, pero en este libro lo hice todo de una vez. Me involucré tanto con el libro que no quería mostrar nada antes de terminarlo.

La estructura de la historia fue un reto. Finalmente se me ocurrió utilizar el blanco y el negro cuando los niños contemplaban una escena y utilizar el color cuando llevaban a cabo una acción. Para las escenas cenagosas, me inspiré en las planicies lodosas de Suffolk, al este de Inglaterra, en donde tengo un cobertizo. Para hacer la playa rocosa en donde se encuentra la cueva del oso, tome como referencia una playa en Pembrokeshire, Reino Unido. 


Playa en Pembrokeshire, Reino Unido. Foto tomada de Internet. 

Soy terrible observando a las personas. Sin embargo, voy a una cafetería todos los días y me siento a ver a los transeúntes. Suelo dibujar recordando esta galería de posturas y expresiones. El mayor reto de la ilustración es transmitir las emociones sin exagerar.

Mientras ilustraba el libro, se me ocurrió que el oso estaba solo en la cueva y que, tal vez, quería compañía y no comerse a los niños. Para ilustrar la postura del oso al final del cuento, me inspiré en un amigo que sufría de depresión, cada vez que caminaba, sus hombros caían. De hecho, mi amigo ahora se reconoce a sí mismo y tiene el dibujo original colgado en la pared. 


Michael Rosen, autor. 

Al parecer, la historia tiene raíces en una canción popular que circulaba en los campos de Norteamérica. A veces, en vez de un oso, era un león. La escuché por primera vez a finales de los años setenta y comencé a utilizarla en mis recitales de poesía. El editor de Walker Books, David Lloyd, vio uno de esos recitales y me dijo que podría ser un gran libro. Le dije que él debería escribirlo. Él dijo que yo debería escribirlo. Y lo hice.

Sin embargo, la manera en la que yo interpretaba la historia no servía para un libro, era demasiado corta. Entonces se me ocurrió inventar sonidos para cruzar la hierba (suish, suash) y el lodo (plochi, plochi). Luego agregué un bosque y la tormenta. 



Dieciocho meses después, los editores me llevaron a un cuarto oscuro con una mesa que tenía una pila de papeles separados por papelitos de colores. Los editores abrieron la pila de papeles y yo estaba sorprendido. Primero, era una serie de imágenes hermosas. Segundo, no sabía de qué modo estaban relacionadas con una cacería de oso. Parecía una familia de vacaciones en Cornwall. Yo me había imaginado un carnaval con un oso en traje. Las ilustraciones de Helen eran totalmente diferentes. 

Los editores dijeron que era un libro asombroso. Y lo confieso, yo no entendía. Yo pensé que eran ilustraciones increíbles, pero no podía ver cómo funcionaban. Pero yo confío en los ilustradores y editores para hacer los libros. Ese no es mi trabajo.


Michael Rosen, David Lloyd, Helen Oxenbury. Foto de Justine Stoddart. 

El libro finalmente salió y fue todo un revuelo. Tuve que escuchar a todo el mundo decir porque era maravilloso. Helen y los editores lograron esa cosa especial que los álbumes pueden hacer, que es narrar diferentes historias a través de las imágenes. La saga familiar no está en las palabras. Las palabras fueron diseñadas para una canción, un juego que surge mientras cantas. El libro es una mirada al drama que padece un grupo vulnerable: cinco niños, un bebé y un perro. ¿Las páginas en blanco y negro representan la “realidad”, y las de color lo que está en su imaginación? El final muestra a un oso humanizado. Ella/él no se ve muy feliz. ¿Será por qué quería jugar? Cuándo la familia corre y se amontona en la cama, ¿realmente están arrepentidos? ¿O fue todo un juego familiar? Todo esto viene de la imaginación de Helen: no tiene nada que ver conmigo. Yo disfruto y admiro el libro como cualquier otro lector. 


Publicado por The Guardian en 2012. Traducción realizada por Careny Galarraga