martes, 28 de mayo de 2013

El canto de Montejo que nos trae y nos lleva


A manera de homenaje, antologamos respuestas dadas por Eugenio Montejo (autor de Chamario y Disparate) en diversas entrevistas, la opinión de uno de sus lectores y un poema por él recitado. Con esto podemos acercarnos al árbol en el que aún habita escribiéndole a los guijarros.

La poesía desde el Eugenio niño
 
Uno de los mayores deslumbramientos que recuerde de mi niñez fue el percatarme de la invención de la escritura, de la posibilidad fascinante de poder representar el mundo visible sólo con la ayuda de unos cuantos signos. En mi asombro infantil me preguntaba a quién se le habría ocurrido, y cómo era el mundo antes de este invento. Creo que tal descubrimiento me predispuso a venerar todo lo lingüístico, y en especial la poesía, donde la palabra alcanza, como sabemos, su ápice. Es verdad que la poesía es anterior a la escritura, pero en ella la palabra logra su cometido supremo. Hacia los ocho años escribía coplillas y aguinaldos, llevado por el estímulo de algunos maestros que nos proponían su escritura con el halago de que las mejores serían cantadas y difundidas por un grupo musical a través de los altavoces del instituto donde me encontraba. Ocurría en los meses de noviembre y diciembre, como una forma de constribuir a la celebración de la Navidad. Más tarde, en la adolescencia, mi vieja veneración por la palabra, por la poesía, se concretó en una decisión definitiva de la que nunca dudé, pese a advertir muy claramente que iba a contracorriente de las conveniencias económicas y del predominio de las preferencias sociales.
Lecturas que hacen poema

El árbol genealógico de mi poesía encuentra su principal raíz en el río milenario de nuestra lengua. Dentro de ella, claro está, desde temprano cada cual va deslindando sus afinidades, sus familias verbales. En mi caso, aparte de los cantares anónimos, se encuentra el Romancero y sus innegables logros decantados durante siglos, sin duda por la inmediatez del verso octosílabo, que creo reproduce a nuestros oídos el verso universal de tres segundos que forma la unidad de habla de cada hombre. Luego destacaría la línea que pasa por Manrique y Fray Luis y llega a Quevedo, sin dejar de lado los grandes autores del barroco ni más recientemente la polifonía liberadora de Rubén Darío. Me interesó siempre la proyección de esa línea en Hispanoamérica, lo que hay de Quevedo en Vallejo y en la prosa de Borges, por ejemplo. La intimidad de Silva y las combinaciones rítmicas de Eguren, ambos no bien leídos en su momentos, sino posteriormente. En mis comienzos procuré seguir la entonación hispanoamericana, tal como creo percibirla, por ejemplo, en el primer Carlos Pellicer, en Oliverio Girondo, en Eliseo Diego, sin descontar la gran aportación de los brasileños.

La imagen: lenguaje del afecto

Mi acercamiento al poema ocurre por la vía de las imágenes, que es el lenguaje natural de lo afectivo, de lo anterior al raciocinio. Los sentidos siempre nos hablan por imágenes. A partir de un breve núcleo se desarrolla la forma del poema. Todo cuanto en él pueda desplegarse más tarde en ritmo, tono, significados, etcétera, parte de una imagen primera que no siempre se nos muestra nítidamente. No comparto la inclinación que lleva a privilegiar el lado puramente intelectural del arte, la frialdad de una combinatoria silogística. La destreza técnica del oficio es sin duda indispesable, pero a fin de cuentas sólo "lo afectivo es lo efectivo".

Acercamiento a la palabra poesía

La poesía es un melodioso ajedrez que jugamos con Dios en solitario. ¿Qué puede darnos? Las ganancias y las pérdidas no le conciernen. Por mi parte tal vez le debo algún relámpago de armonía para hablar a los otros como se habla con uno mismo.

Los heterónimos

La heteronimia es un recurso literario, apenas eso, y emplearlo, por sí solo, no garantiza logro alguno. Los apócrifos de Machado y Pessoa valen por el genio poético que en ellos pusieron sus autores. Es un fenómeno que si bien ha existido en otras épocas, a principios del siglo XX alcanzó una extraña reivindicación por parte de poetas notables, el primero de los cuales fue el francés Valery Larbaud, creador de un gran poeta, el peruano-norteamericano A. O. Barnabooth. Hacia mediados del siglo XX, la práctica de la escritura oblicua*, como la llamo, declina. Es nuestros días sólo puedo nombrar al gaviero Maqroll, de Álvaro Mutis, y a Horacio Martín, de Félix Grande. En mi caso, el primero ha sido Blass Coll, el tipógrafo de Puerto Malo, y luego algunos de sus contertulios o discípulos, los famosos "colígrafos", entre quienes se encuentran Tomás Linden, Sergio Sandoval y uno que acaba de aparecer en Ediciones Ekaré, Eduardo Polo, autor de un libro de rimas para niños que lleva por título Chamario. Lo escribí hace unos 24 años, y ahora, gracias al trabajo editorial de Elena Iribarren, ha salido de la gaveta.

*Creo que la escritura oblicua proporciona la ocasión de desembarazarse de la tiranía del yo y acceder a nuevas perspectivas creadoras. Creo que al recurrir a un heterónimo, el poeta se vale, más que del yo, de lo que convendría llamar el poliyó, un ente más complejo y proteico que, si nos paramos a pensar, se asemeja al ratón del ordenador.

Gustavo Guerrero opina sobre Eugenio

Leer a Eugenio ha sido, para mí, una de las principales vías de acceso a ese conocer otro de la poesía; el enigma de una muy particular descripción del mundo que sólo se vuelve plenamente inteligible como un eco de nuestra sensibilidad. Somos nosotros los que sancionamos la validez del poema a través de una respuesta interior que tiene el crácter de un juicio; pero es el poeta el que es capaz de suscitar, con la palabra más personal, la reacción más general: la comunión de los lectores en torno a una misma experiencia. De pronto, nos reconocemos en algo que desconocíamos, pero que ahora forma parte de las palabras -y las cosas- de la tribu. Borges afirmaba que la más difícil maestría consistía en "hermanar lo privado y lo público, lo que mi corazón quiere confirmar y la evidencia que la plaza no ignora". La fuerza cognitiva de la poesía de Eugenio -su poder de revelación- procede en buena medida del logrado punto de equilibrio que consigue entre la tradición y el asombro, entre la lengua común y el habla más íntima, entre lo que pertenece a todos y lo que es único e intrasferible.

Islandia en voz de su autor


Entrevistas realizadas, en orden de aparición, por Julio Ortega, Floriano Martins, Edmundo Bracho y Francisco José Cruz. Todas recopiladas, junto al testimonio de Gustavo Guerrero, en: CASTAÑÓN, A. (2007) La terredad de todo: Eugenio Montejo, una lección antológica. Mérida: El otro, el mismo.

martes, 21 de mayo de 2013

Un "Disparate" en vivo

Gerald Espinoza, ilustrador del libro Disparate de Eugenio Montejo, realizó un performance en la Librería Lugar Común, Caracas. Acá una antología de sus trazos y música: ¡véanlo en la mejor resolución y disfruten!

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Intentos de Disparate

Eugenio Montejo y Gerald Espinoza se unieron para dar forma a un completo Disparate. Para lograrlo, Gerald trabajó en sus bocetos y storyboards. Acá se los dejamos.

Pruebas de autor







 
  
Storyboard

 

jueves, 2 de mayo de 2013

Una ojeada digital: Niña bonita; Jararaca, Perereca y Tiririca; Un diente se mueve.

Niña Bonita

Un conejo blanco, blanco, ha quedado prendado de una niña negra, negra, y quiere ponerse bonito y oscuro como ella. Cada vez que la ve, le pregunta: "Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?". Después de muchos experimentos y desilusiones, el conejo descubre el secreto.


Jararaca, Perereca y Tiririca

Ana Maria Machado ofrece al lector una poética historia sobre la supervivencia y el deterioro ambiental en la que sus protagonistas: una gramilla, un sapo y una serpiente, deben afrontar, cada una a su manera, la llegada del hombre al terreno baldío donde viven.


Un diente se mueve

¿Es cierto que los ratones se llevan nuestros dientes? ¿Y qué harán con ellos? Clarisse está inquieta desde que su primer diente de lecha se ha aflojado. El día en que se le cae, lo coloca bajo su almohada y esa noche, en sus sueños, visita el país de los ratones. Allí descubre lo que hacen los ratones con los dientes de leche de los niños.

Escritora a diario

Ana Maria Machado, autora de El perro del cerro y la rana de la sabana, Jararaca, Perereca y Tiririca, y Niña bonita, es entrevistada por Diajanida Hernández para el Papel literario del diario venezolano El Nacional.


Ana Maria Machado (1941) fue invitada de honor a la FIL Guadalajara 2012. La razón: la consagrada autora brasileña recibió el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil como reconocimiento a su trayectoria literaria. En el fallo del jurado se lee que la obra de la autora brasileña se distingue por “un estilo narrativo sencillo y complejo a la vez, que apela a la inteligencia del lector, con un lenguaje cuidadoso, lírico, ameno y que recupera la riqueza de la oralidad”. Machado es, quizás, una de las escritoras de literatura infantil más importantes de Iberoamérica. Valga decir que en el año 2000 recibió el Hans Christian Andersen, el galardón más prestigioso de las letras infantiles. Con más de cuarenta años de trayectoria, Machado ha articulado una obra dirigida a niños y jóvenes reconocida por trabajar con las nociones de género, alteridad y tradición, y por abordar temas diversos. Tiene más de cien libros publicados en dieciocho países y una cifra de títulos vendidos difícil de procesar: más de 19 millones de ejemplares. Un par de días antes de la entrega del premio, nos encontramos con la autora para conversar sobre el reconocimiento y su oficio.


Usted va a recibir un premio que ya se le concedió a Bartolomeu Campos de 
Queirós (1944-2012), quien fue un gran trabajador de la palabra, preocupado por el incentivo de la lectura y la formación de los lectores en Brasil. Ustedes comparten ese objetivo y el amor por la palabra, ¿qué significa recibir ese mismo premio?

No creo que sea una coincidencia, creo que es más bien un conjunto de circunstancias. Conocí a Bartolomeu hace más de cuarenta años, ya estábamos los dos trabajando en eso. Creo que es un momento de Latinoamérica, de las últimas décadas. Y, en Brasil, de una manera ejemplar porque teníamos niveles de analfabetismo muy grandes, fue necesario atender una deuda en la educación enorme. Teníamos un desarrollo de la literatura infantil muy grande, desde finales de los sesenta, con eso los autores que se estaban dedicando a escribir para niños estaban muy involucrados con la cuestión de la educación y del fomento de la lectura en general.

En Brasil se está trabajando para insertar bibliotecas en las escuelas a raíz de la ley que estableció que era obligatorio. ¿Cuál cree es el reto que enfrentan las escuelas con el tema de la formación de lectores, de cara a esta legislación que establece que toda escuela debe tener su biblioteca? 

Creo que el principal reto es hacer que los maestros y docentes lean porque, en general, leen muy poco. Hay algunos que leen pero, en general, la formación de docentes en Brasil deja mucho que desear. Tuvimos que aumentar muchísimo la cantidad de escuelas y de aulas en muy pocos años, pero eso no se acompañó con una valoración del magisterio, de los salarios, de la formación, del prestigio del magisterio. Entonces hay una cantidad muy grande de maestros que todavía son la primera generación alfabetizada de su familia, no vinieron de un ambiente con libros o de un ambiente lector. No es culpa de ellos, pero tienen deficiencias muy grandes de inmersión en un ambiente lector. Creo que, por los momentos, ese es el principal reto.  

Usted comenzó a escribir durante la dictadura. ¿Qué significó la escritura en ese momento? ¿Fue una respuesta a esa realidad?

Fue una de las respuestas, pero no fue consciente. Yo creía más bien que estaba respondiendo a la dictadura por otros medios que no era la escritura y, al final, también era con ese. Me gustaba escribir. Era profesora de literatura en la universidad, era periodista, entonces hacía cosas con la escritura y la literatura vino naturalmente.

Autores como Francisco Hinojosa hablan de la necesidad de que la literatura infantil aborde las realidades a las que se enfrentan los niños de hoy: violencia familiar, guerras, conflictos, bullying, inmigración, alcohol, drogas. Desde su experiencia, ¿cree que esto sea así?

Es posible. En general, no pienso mucho en eso. Mi literatura no tiene muchas intenciones; mi vida tiene, pero no la literatura. Cuando empiezo a escribir quiero contar un cuento o desarrollar un personaje, una idea, un ambiente y no me veo con la idea de pensar en que “hay que hacer esto”. Pero a lo largo de lo que he hecho en más de cuarenta años abordé todo eso, porque eran cosas que a mí me preocupaban. Creo que, en general, cuando escribo, sea para niños o sea para adultos, siempre pienso en algo que está dentro de mí como preocupación. Pero no es intencional. Estoy de acuerdo con Francisco Hinojosa, la literatura se puede ocupar de todo, es verdad, pero cada uno, cada autor en cada momento de su vida, en cada libro se ocupa de una cosa distinta.

  ¿Cómo ve el panorama actual de la literatura infantil en Brasil? 

Es muy fuerte. Tiene un desarrollo de décadas. Nosotros tuvimos un pionero, Monteiro Lobato, que hizo entre los años veinte y treinta una obra muy respetada. Después hemos tenido sucesivamente muchos autores muy buenos. Son generaciones ya, con mucha calidad y cantidad. No hay muchos prejuicios contra la literatura infantil, o no tantos como existen en otras culturas. Sobre todo, no hay una coincidencia muy grande con la práctica pedagógica. Los autores entienden que los libros para niños son parte de la literatura y no de la pedagogía, entonces eso nos da mucha fuerza. Nosotros, la generación de los setenta, cuando empezamos teníamos textos muy fuertes, éramos autores muy buenos, pero al inicio las ilustraciones no eran tan buenas. Luego las ilustraciones se hicieron más fuertes, sobre todo después de las escuelas de diseño industrial y diseño gráfico. Hoy hay excelentes ilustradores. Y estamos en un tercer momento, que es el del desarrollo de una excelente calidad gráfica, que tampoco teníamos. Todo eso va confirmando una literatura que es sólida. Hubo un tiempo, por ejemplo, en el que nuestros libros no podían compararse con los de Venezuela en términos visuales, de la calidad de la ilustración que tienen los libros de Venezuela. Los nuestros eran más primitivos, teníamos pocos ilustradores de aquel nivel que hay en Venezuela. Hoy empezamos a tener la posibilidad de una comparación.  

Después de muchos años publicó su primer poemario. Háblenos un poco de su relación con la poesía. 

No llegué ahora a la poesía. Publiqué por primera vez en este momento porque me di cuenta que entre los poemas que tengo, que escribo y guardo hace más de medio siglo, había muchos sobre el mismo tema, que era el tema del mal. Entonces me dije: eso hace un libro. Y decidí publicarlos. No fue que empecé ahora, no fue una decisión. El poema ocurre, a veces viene, como si viniera desde afuera, o desde el fondo, tan hondo que no sé ni dónde es. Cuando viene escribo, después vuelvo a él, trabajo mucho y lo dejo ahí. No pienso en publicar. 

¿Es disciplinada con la escritura?  

Escribo todos los días. Mi marido es músico y hace más de treinta años que estamos juntos. Yo veo que si él no toca todos los días, cuando tiene que ir a la escena para hacer su show, no funciona. Para un atleta es lo mismo, si no entrena todos los días, cuando llega el momento de la competencia no va a funcionar. Creo que es lo mismo para un autor: escribo todos los días. Eso no significa que todo lo que escribo todos los días se aproveche. Pero escribo todos los días.