viernes, 19 de agosto de 2016

Olfato perruno: la tarea del traductor

En esta ocasión, Teresa Duran, autora, ilustradora, profesora y especialista LIJ, relata algunas anécdotas en torno a su trabajo como traductora de Animales domésticos (Les animaux domestiques en francés), del escritor e ilustrador francés Jean Lecointre


Bueno -si hay que confesar la verdad- la traducción de Animales domésticos, de Jean Lecointre, empezó de un modo muy sosegado y apacible. Y es que siempre que puedo, antes de Navidad, me apetece viajar hasta París para visitar el Salon du Livre de Jeunesse (Salón del Libro Juvenil) de Montreuil. Y para allí me fui en el año 2008. Deambulando y deambulando por sus pasillos abarrotados de niños, iba agudizando mi más inquisitiva mirada de halcón para ver qué había de nuevo en el mercado que pudiese enriquecer mi colección casera. Mi olfato perruno me llevó hasta el stand de las ediciones de Thierry Magnier, parada obligatoria y de donde salgo siempre más cargada que un burro. Allí me topé con un libro que tenía una estética insólita dentro de la LIJ, como de fotonovela coloreada, cosa que me hizo ronronear golosamente. 


Sin ni siquiera leerlo ni atender a recomendación alguna, gatunamente me lo compré. Aquella misma noche me lo leí y me tronché. De vuelta a casa se lo mostré y leí a mis compinches de la pandilla de mosqueadas forofas del libro álbum de mi Facultad; se rieron y se lo compraron en Amazon. Cuando al cabo de unos meses vinieron los editores de Ediciones Ekaré a cenar en casa -¿de qué íbamos a hablar si no de libros?- les saqué los que más me gustaban de mi biblioteca, entre los cuales estaba Les animaux domestiques. Yo se lo iba traduciendo a lo bestia, en directo y sin red, al buen tuntún. Irene Savino, directora de arte de Ekaré, se fascinó por su estética, y yo pude explicarle que el autor, de quien yo ya había buscado datos en internet, se trataba de un artista digital de mucho prestigio, pero no pude acabar con mi pedante y marrullera explicación, porque Carmen Diana Dearden, presidenta de Ekaré, se estaba regodeando de lo lindo con la aventura de los señores Archibald, y no me dejó ni acabar aquella improvisada traducción porque sentenció: "¡Hay que publicarlo en Ekaré!", de lo que el editor Pablo Larraguibel tomó buena nota, porque al cabo de un tiempo me llamó para decirme que ya tenían los derechos y que confiaban en que yo quisiera traducirlo al español y al catalán. Dije que sí. Y lo hice con sumo placer y alguna que otra duda o sorpresa lingüística.  


¡Anda que no le dimos vueltas a lo de publicar o no el nombre científico real del último personaje que aparece en escena! Aparentemente es una polilla, pero no. El nombre español exacto y científico del insecto reproducido es mariposón, lo que en algunas latitudes hispanas suena casi como un insulto. Y como por añadidura, en el texto en francés, al tal nombre le sucede el adjetivo nocturno. El resultado subía enormemente el tono del relato, lo que me hacía dudar. Fue Carmen Diana Dearden quien dirimió la cuestión dando luz verde al resultado. Y me alegré. Casualidades así añaden sal y pimienta a la tarea de traducir. 


En Animales domésticos hay epígrafes en catalán que destilan una gracia y un humor que no se obtienen en la versión española, y viceversa, como en el caso del mariposón nocturno. Cosas de la vida…


viernes, 12 de agosto de 2016

Una travesía del inglés al español

Verónica Uribe (Ekaré Sur), editora y cofundadora de Ediciones Ekaré, nos cuenta cómo coincidieron los elementos para la traducción de Sofía viaja a la Antártida (Sophie Scott goes South en inglés), de Alison Lester.  



Este precioso libro que integra ficción e información de manera tan atractiva, fue seleccionado en una Feria Internacional del Libro de Bologna para el catálogo de Ediciones Ekaré. Carmen Diana Dearden, presidenta de Ekaré, dijo que como Chile estaba tan cerca de la Antártida, tocaba a Ekaré Sur encargarse de este libro. Lógica inapelable. 

Y ciertamente, en cuanto vi Sophie Scott goes South, quise traducirlo. La historia, contada a modo de diario de viaje de una niña de nueve años, me pareció estupenda. Sofía viaja junto a su padre, el capitán Scott, desde Australia a la estación Mawson en el territorio antártico. Es el final del verano y junto a ellos viajan los científicos que permanecerán todo el invierno haciendo sus mediciones y desarrollando sus proyectos. Sofía escribe y dibuja todas las noches los sucesos del día.



Mientras avanzaba en la traducción, sentía que era yo misma la que navegaba en el Aurora Australis, la que sentía el viento cortante y furioso de las tierras antárticas, la que veía los primeros icebergs de todos colores. 

Leí sobre la Antártida y pedí ayuda con los términos náuticos. Como es habitual, todo el equipo de Ekaré Sur se fue involucrando en la traducción y sopesamos cada palabra para que el lenguaje sonara tan auténtico y fresco como el original en inglés. 
Nos pusimos en contacto con personas que hubieran vivido en Villa Las Estrellas, la estación chilena en las Islas Shetland, cerca del Círculo Antártico, para corroborar datos y sortear dudas. 










Y así fue surgiendo la idea de agregar a la historia de Sofía, una carta de una niña chilena que ha llegado hace unos meses a Villa Las Estrellas y después de leer el libro, le escribe a Sofía. Esta carta la escribió Andrea Brunet con información que le proporcionó Alex Hernández, destinado en la Antártica, que amablemente respondió a todas sus preguntas y tomó las fotos que la acompañan. Verónica Vélez, la diseñadora que maquetó Sofía viaja a la Antártida, hizo los dibujos de los pingüinos Adelia que completan la carta de Angélica Mardones a Sofía Scott: dos niñas surgidas de la ficción que se transformaron en nuestras amigas en la travesía del inglés al español de este precioso libro. Por fortuna contamos con el amable permiso de Alison Lester para agregar una intromisión chilena a su obra.

viernes, 5 de agosto de 2016

Cuando Handa se convirtió en Nandi

María Cecilia Silva-Díaz, editora de Ediciones Ekaré y coordinadora del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos cuenta su experiencia como traductora de La sorpresa de Nandi (Handa's surprise en inglés), escrito e ilustrado por Eileen Browne 




De  todas las obras traducidas que forman parte del catálogo de Ediciones Ekaré, puede que La sorpresa de Nandi sea mi preferida. De este álbum me gusta todo: la historia, tierna y divertida al mismo tiempo; su ritmo perfecto, la imbricación del texto y las imágenes, su colorido. Para mí es un honor figurar en los créditos como traductora, aunque, como todo lo que se hace en Ekaré, fue en realidad un trabajo en equipo. A continuación contaré una pequeña anécdota de esta experiencia.

Corría el año 1996 y Elena Iribarren, una de las editoras de Ediciones Ekaré, me pidió que me hiciera cargo de la traducción de un álbum recién publicado que, con su fino ojo de editor, quería incorporar al catálogo de la editorial. El libro me encantó desde el primer momento y acepté el reto. No soy traductora y en el proceso me topé con algunos de los clásicos asuntos que hacen dudar a los traductores: ¿cómo traducir los nombres de las frutas y los animales que cambiaban de un país a otro? ¿Parchita o maracuyá? ¿Aguacate o palta? 








No  voy a contarles sobre las numerosas reuniones que tuve con las editoras para tomar estas decisiones, pero sí me gustaría compartir cómo cambiamos el nombre de la protagonista y de su amiga. 

En la versión original los personajes se llaman Handa, la protagonista, y Akeyo, su amiga. Las niñas del cuento pertenecen a la etnia Luo que vive en Kenia, Tanzania, Uganda y Etiopía. Me preocupaban estos nombres en un libro que probablemente leerían niños que aún estaban en proceso de dominar el código escrito. Handa, en español se lee de forma diferente, con la h muda. Akeyo, aunque se lee igual, no parece un nombre. Creo que pocos padres hispanohablantes le pondrían a su niña un nombre que suena como el demostrativo "aquello", por más sonoro y africano que sea. 



Teníamos un problema y en aquellos tiempos no era tan sencillo como ahora encontrar este tipo de información. Escribí una carta a la Organización Mundial del Libro Infantil (IBBY), preguntándoles si me podían poner en contacto con algún especialista keniata para pedirle ayuda con los nombres. En eso estaba, cuando, por arte de magia, un sábado por la mañana se presentaron en el Banco del Libro en Caracas, al 1,2,3, este sábado es..., una actividad que todavía se organiza una vez al mes, nada menos que el embajador de Kenia y su esposa. Venían invitados por el embajador de Nigeria porque ese día se iban a contar historias nigerianas y querían ver si su embajada podía patrocinar un sábado dedicado a las historias de Kenia. Inmediatamente Elena Iribarren y yo nos acercamos y les mostramos el libro explicándoles nuestro problema. El lunes siguiente había en mi escritorio un papel con nombres de los Luo, que gentilmente había elaborado la embajada. De todos los nombres de la lista, los que más me gustaron fueron los de Nandi y Tindi, sencillos, sonoros y tiernos ...y así les puse. 


jueves, 28 de julio de 2016

Traducciones como originales


Todos los textos son originales porque cada traducción es distinta.
Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención
y así constituye un texto único.

Octavio Paz

Desde sus inicios en 1978, y como consta en sus documentos fundacionales, Ediciones Ekaré se propuso ampliar su catálogo con traducciones y coediciones que reflejaran lo mejor de la literatura infantil publicada en otros países. Además de libros que reflejaran la cultura venezolana y latinoamericana, la idea era incorporar obras fundamentales de la literatura infantil y juvenil en otras partes del mundo que abrieran ventanas al mundo de los lectores en América Latina y Venezuela. Carmen Diana Dearden, cofundadora y presidenta de Ekaré, señalaba en 1978 que:
"La única diferencia entre los libros editados originalmente en español por Ediciones Ekaré (u originales como los solemos llamar) y los traducidos, es que cada uno refleja su propia cultura. Los criterios de selección para las traducciones es que sean libros muy buenos, bien escritos, bellamente ilustrados, y que reflejen su entorno, su cultura, su país". 


Con esta idea, nace la colección Libros de todo el mundo, clásicos de la literatura infantil de reconocidos autores e ilustradores, traducidos al castellano. Para incluir traducciones en el catálogo, es necesario pasar por un proceso de compra de derechos de autor: la editorial selecciona un libro publicado por una editorial extranjera y negocia un contrato para traducirlo y venderlo al castellano.




Curiosamente, la primera traducción de Ekaré fue La Expedición (originalmente La Spedizione en italiano), un libro sin palabras que cuenta la historia de unos conquistadores que, con mucha picardía, reciben una sorpresa. Carmen Diana Dearden cuenta una anécdota a propósito de la publicación de este libro en 1978: 
"Escogimos ese libro por el tema, porque era perfecto para América Latina: que no tuviese texto era irrelevante. Le llevamos el proyecto al gerente de la fundación que nos ayudaría con el financiamiento, quien confesó no saber mucho de libros para niños. Sin embargo, insistió en ver el libro antes de aprobar cualquier aporte. Yo insistía en que no podía verlo antes de que diera el aporte porque no podíamos hacerlo sin él y su eventual evaluación me producía cierta aprehensión. Así pasamos varias semanas, él pidiendo el libro y yo diciendo que no podíamos mostrárselo. Finalmente, le llevé La Spedizione para que viera el libro que íbamos a traducir. Lo hojeó de adelante hacia atrás, y de atrás hacia adelante, perplejo. Al final dijo: 'Pero esto no tiene palabras, ¿qué van a traducir?'. 'El título', contesté. Resuelto el problema". 

Si bien desde sus comienzos Ediciones Ekaré tuvo en mente publicar traducciones de todas partes del mundo (China, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, etc.), siempre se mantuvo fiel a la publicación de títulos originales, editados de acuerdo con los criterios e inquietudes de sus editores. Para ello se estableció que la proporción de publicaciones sería aproximadamente de 70% originales y 30% traducciones. A lo largo de casi 40 años se ha tratado de mantener ese equilibrio. 





Cuando se hace una traducción se cuidan todos los detalles, como si fuera un libro original. Las traducciones tienen un traductor responsable que puede ser del equipo de Ekaré o algún traductor especializado, por lo general, cercano a la editorial. Siempre se trata de que los libros tengan un lenguaje muy cuidado, un español de América. Para esto se trabaja en equipo: con los autores originales, los editores originales (quienes publicaron por primera vez el libro), e incluso con los autores e ilustradores, a veces modificando ilustraciones y tipografías realizadas a mano. En Ekaré se trabaja en conjunto, corrigiendo y poniendo a punto las traducciones con el equipo editorial. En otros posts que iremos publicando semanalmente, te invitamos a conocer algunas anécdotas detrás de las traducciones de los libros de Ekaré: La sorpresa de Nandi, Conocí a un dinosaurio, Sofía viaja a la Antártida, Animales domésticos, El ogro de Zeralda, Mar, El oficial Correa y GloriaSopa de ratón, Zorro, El Bunyip y Doña Eremita sobre ruedas. Cada traducción tiene su pequeña historia, su pequeño secreto que hace que ese libro ahora en castellano sea original y único. 

viernes, 22 de julio de 2016

Del otro lado de la puerta: entrevista a Javier Sáez Castán

En 2013, Javier Sobrino, autor de Los sonidos de la noche, entrevistó a Javier Sáez Castán para el Papel Literario del diario venezolano El Nacional. En 2016, Sáez Castán recibió el Premio Nacional de Ilustración de España. Para celebrar este merecido reconocimiento, rescatamos algunos elementos de la entrevista. 

¿Qué utilidad social tiene hoy en día el oficio de ilustrador al que dedicas tu tiempo?

Javier Sáez Castán, 2016
La ilustración de libros tiene al menos dos vertientes; una la relaciona con el diseño, con la adecuación de los objetos a unos propósitos. Los objetos están ahí, van a permanecer ahí, deben tener una forma y alguien debe dársela. En este sentido, los objetos están de nuestro lado, en el lado de la realidad visible y material. Un libro puede caer de la estantería y golpearte en la cabeza, y entonces se convierte en una forma de revelación: la revelación de lo real, no siempre evidente. Por otra parte, la ilustración tiene una vertiente narrativa; representa un mundo que "no está de nuestro lado", un mundo de ficción. Pero a nosotros, como seres humanos, nos interesan mucho esos mundos. Eso nos llevaría a considerar la utilidad social de la ficción en general, un tema interesante, pero que creo que excede el espacio concedido a la respuesta. Una manera de atajar y de aproximarnos a una respuesta sería pensar: ¿qué ocurriría si los mundos de ficción desaparecieran? Por supuesto, la pregunta no es sino una nueva ficción, y como tal, parte de mi trabajo. No, no es tan fácil encontrar un atajo. 


¿Hacia dónde se abren las puertas que hay en tus libros?

No lo sé. Si es verdad que hay puertas, no podemos saber que hay al otro lado hasta que no las abramos. Si ya sabemos lo que hay del otro lado, entonces no es necesario emprender el viaje, pues ya estaremos ahí, del otro lado de la puerta. Lo que sí sabemos es que abrir una puerta, cruzarla, nos cambiará en alguna medida. Nos encontraremos frente a nuevas puertas, también. Quizás es lo que somos, puertas que no saben adónde se abren. 


La merienda del señor Verde (Ekaré, 2007) 
¿Piensas que tus libros destilan "mensajes con ideas" o te decantas más por los aspectos lúdicos, los juegos manuales?

No puedo concebir hacer un libro para depositar una idea dentro; me parece como convertirse en una de esas avispas que atrapan una araña para poner un huevo en su interior. Creo que ese enaltecimiento de la "idea", del "mensaje" es una equivocación del autor respecto a su propio papel, su trabajo, los libros y sus propias ideas. Si uno hace un libro para únicamente transmitir una idea, entonces sería tal vez más adecuado llamarlo "propaganda", con todo mi respeto por esa forma artística. Pero esto no quiere decir que desdeñe las ideas, o que el autor no deba tenerlas, muy al contrario. Más bien considero el punto de vista de la idea "encarnada". La encarnación es aterrizar en la materia, en el error, en la realidad, y desactiva cualquier clase de idealismo. Pero escribir sin ideas… no, eso no sería posible. 

La grandeza de las pequeñas maravillas cotidianas es otro de los ingredientes que tienen tus libros. ¿Por qué quieres compartirlos con tus lectores? ¿Cuáles son tus maravillas cotidianas predilectas?

Sí, me gusta pensar que hay algo maravilloso en lo cotidiano y creo que gran parte de la cultura moderna, de las ideologías, pero también del embotamiento común ante los medios, vienen del hecho de la enemistad con lo real, que es lo mismo que cerrar los ojos a lo maravilloso. Pero no me siento capaz de reducirlo a una definición. Si puedo compartir algo valioso, es esto. En cuanto a las pequeñas maravillas… no sé ¿qué tal una mosca?

El Pequeño Rey, maestro repostero (Ekaré, 2013)
El Pequeño Rey, director de orquesta (Ekaré, 2010)
El Pequeño Rey, general de infantería (Ekaré, 2009) 
Muchos de tus libros están editados por sellos iberoamericanos (Ediciones Ekaré, Fondo de Cultura Económica u Océano). ¿Es por razones personales, sentimentales o es que ellos están más abiertos a tus ideas?

Las cosas van sucediendo por muchos motivos; en primer lugar, comencé publicando con estas editoriales porque fueron ellos quienes se interesaron por mis libros. A este punto de partida se han sumado otras razones tanto de ventas –se trata de un mercado mucho más amplio y permeable, gracias a la lengua común- como de tipo personal: me gusta mucho México, por ejemplo. O no sé si se trate de que me guste, pero tengo una gran conexión con México, por algún motivo que no sabría explicar. Eso no quiere decir que me mantenga alejado de la realidad española... más bien, que la realidad española me ha mantenido alejado con bastante éxito, con el rigor de una madre que no quiere malcriar a su hijo.



Los tres erizos (Ekaré, 2003)
Texto tomado del blog de Javier Sobrino

viernes, 15 de julio de 2016

El extraño mundo de Javier Sáez Castán

A propósito del reciente Premio Nacional de Ilustración 2016 que ha recibido Javier Sáez Castán en España, Pablo Álvarez, editor de Ekaré Sur, comparte un artículo sobre la obra del autor e ilustrador español, que incluye varios libros publicados por Ediciones Ekaré. 




El reciente ganador del Premio Nacional de Ilustración 2016 de España, Javier Sáez Castán, ha desarrollado una obra extensa y variada, donde destaca, sobre todo, su gran capacidad plástica y un trabajo especial sobre el uso del color. Desde Picospelosplumas y el hombre pájaro (Ediciones SM, 2000), pasando por Los tres erizos (Ediciones Ekaré, 2003), el famoso Animalario universal del profesor Revillod (FCE, 2004) o Extraños (Sexto Piso, 2014), hasta el enigmático El armario chino (Ediciones Ekaré, 2016). Extrañar la realidad, y a partir de ese ejercicio de extrañamiento elaborar, en apariencia, descabelladas narraciones ilustradas. Ese parece ser el recurso de un autor que elabora complejos e ilustrados sistemas de narración.


1. Extraños (Sexto Piso, 2014) 2. (Arriba) Animalario Universal del profesor Revillod (FCE, 2004) 3. (Abajo) Picospelosplumas y el hombre pájaro (Ediciones SM, 2000) 



La obra del español Javier Sáez Castán tiene una doble militancia, la del juego y la solemnidad; la excentricidad y la erudición. Ya no es particular que cada nueva publicación esté acompañada de un glosario, de una serie de definiciones inventadas, de frases latinas o mensajes textuales o visuales en clave insertados en medio de la narración, con el único fin de distraer o aumentar la intriga, la sospecha. Hay que dudar de su obra, mirarla con ojos de detective al tiempo que nos deslumbramos con su capacidad técnica y narrativa.

Hay una constante en los libros que Sáez Castán ha publicado en Ediciones Ekaré (Los tres erizos, La merienda del señor Verde, los tres títulos de la colección El pequeño Rey y El armario chino); se trata de un principio de extrañamiento o de modificación de la realidad, que produce un desajuste en el lector, tanto a nivel textual como de la imagen. Pese a un apego con el realismo, con una técnica que se adhiere a ciertos principios de realidad, tanto los personajes como los escenarios de estos libros están rarificados, poseen características que los hacen escapar de los principios miméticos habituales. Y es en esa representación extrañada donde radicaría la genialidad plástica del ilustrador.




El Pequeño rey, en sus múltiples facetas y habilidades –como repostero, como militar o como director musical–, constituye una interesante representación del poder y el control, de manera camuflada, suavizada, por supuesto. Este pequeño tirano, que algo se asemeja al Humpty Dumpty de John Tenniel, conserva, sin embargo, los rasgos corporales de un niño: el enterito celeste, los juguetes que lo rodean, su reducido tamaño en relación a su cabeza enorme. Hay algo de la tiranía infantil en este personaje que disfruta con el control sobre los bichos que habitan su jardín. Algunos resabios de la visión de Sendak sobre la niñez, que se advierte en la interesante entrevista que hace Art Spiegelman a Maurice Sendak y que reprodujo en formato de cómic en Meta Maus. La cuidadosa técnica utilizada por Sáez Castán hace recordar también al genio estadounidense: la plumilla, el achurado y la trama de líneas que generan luces y sombras sobre personajes que, precisamente, se construyen a partir de sus claro oscuros.








Asimismo, en La merienda del señor Verde (2007), donde el espacio monocromático se constituye como una propuesta estética, es fundamental el uso de la luz. El halo misterioso del relato es reforzado con espectros de luz y sombra dominados por un verde insistente, meloso, pegajoso como la mermelada. Esta vez, la plasticidad del libro es una cita directa a Magritte, la construcción de los personajes, el bombín, el verde de las manzanas de Magritte que en este libro inunda la página completa. La solemnidad del relato no hace sino intensificar el extrañamiento. La resolución, esa aparición fastuosa de los colores, es, a su vez, una manera de otorgar un sentido integrador al relato: la técnica y la utilización de colores tiene cierto afán democratizante y comunitario, bajo la insistencia paradojal, algo irónica, de la solemnidad, de la rigurosidad de los personajes.





Su libro más reciente, El armario chino (2016), es quizás el más enigmático y ominoso de todos. Narración compleja, en una suerte de estructura de palíndromo, diferenciado sólo por sus dos colores: el rojo y el azul. Relato en espejo que refleja, como una presencia amenazante, la misma situación en su reverso de otro color. Rojo y azul que se rechazan, pero se complementan: “No, en serio, Anna: creo que los niños no deberían tener cosas rojas. Les mete ideas raras en la cabeza”, dice un elegante Otto azul. “No, en serio, Anna: creo que los niños no deberían tener cosas azules. Les mete ideas raras en la cabeza”, indica un flemático Otto rojo. La acertada elección de los nombres, Anna y Otto, refuerzan la infinidad y sensación de abismo del relato, donde absolutamente nada queda al azar. Libro planificado hasta el hartazgo, con perfección de cirujano, donde el doble monstruoso acecha en un juego de intercambio de roles: el niño rojo se traslada al mundo azul, y viceversa. El pequeño Kurt, personaje dinámico y variable, que cambia incluso de color, traspasa las fronteras del relato al insertarse en el misterioso armario, tópico recurrente de la literatura infantil, pero esta vez utilizado como frontera de una misma realidad trastocada y que se vuelve a configurar a partir de un elemento cromático.



Javier Sáez Castán es un caso raro, como sus personajes, una de esas combinaciones que pocas veces se da en el libro ilustrado de manera tan afortunada, donde texto e imagen son concebidos por la misma mente creadora; una mente que, si se lee la obra distraídamente, pareciera perturbada, pero que no es más que el trabajo sistemático de un artista multiforme, capaz de expresar las más profundas reflexiones a través de una obra que se transforma, pero que conserva y lleva a los extremos sus capacidades plásticas y objetuales. Una obra conectada con las meditaciones de la existencia.

Texto tomado de la página web de Ekaré Sur

miércoles, 15 de junio de 2016

Un trabajo de equilibrio: ¿Cuánta tierra necesita un hombre?

Raphael Urwiller, confundador de Icinori, hace un acercamiento a su trabajo como ilustrador en ¿Cuánta tierra necesita un hombre? (Combien de terre faut-il à un homme? en francés), adaptación de un emocionante cuento de Tolstoi sobre la ambición y la codicia, escrito por Annelise Heurtier



¿Cuál es la diferencia entre Icinori y Raphael Urwiller?

Icinori es un territorio que contiene algunos trabajos de Mayumi Otero y Raphael Urwiller, así que una buena parte de nuestro trabajo es a cuatro manos. ¿Cuánta tierra necesita un hombre? no está firmado por Icinori, pero habita en el mismo territorio.

Icinori es una forma de ecosistema gráfica e imaginaria que se construye entre dos. Es un lugar privilegiado, dedicado al descubrimiento y a la experimentación, donde cada uno puede aportar y buscar en total libertad. 


¿Cómo trabajaste en ¿Cuánta tierra necesita un hombre?
¿Cuál fue tu inspiración?

El texto es muy sombrío. Así que tenía que destacar las imágenes para hacer el libro más atractivo, respetando, al mismo tiempo, la historia. El diseño fue un hermoso trabajo de equilibrio sobre el filo de la navaja, para no caer en un pathos expresionista o la decoración gratuita. 

Repetí algunas dobles páginas porque se veían falsas. El texto está en tensión, las ilustraciones debían construir sin suavizar. Esa es la razón por la que acepté el proyecto. Fui el diseñador del libro para que todo fuese coherente con el contenido, desde la elección del formato a la tipografía, pasando por la elección del papel. Cada elemento es artífice del todo.

Mis referencias son muy variadas. Hay por supuesto la sombra del constructivismo ruso, el Lubok (imaginario popular ruso). Hice muchas lecturas de Tolstoi para integrar el espíritu mismo de la obra. No podemos olvidar las formidables vanguardias de los libros para niños y jóvenes y de los carteles provenientes de los países del Este (Lébedev, los hermanos Stenberg, Parain, etc.). Sin contar mis propias referencias que van desde el punk underground hasta los grabados japoneses de los años setenta, pasando por todo tipo de imaginería popular (las pinturas de Zuber, Espinal, y otro arte efímero). 


Imágenes obtenidas de la página web de Icinori. Entrevista original en francés.