miércoles, 31 de enero de 2018

Duermevela: «un punto de salida de un mundo para llegar a otro»

Desde el blog Llibres al Replà, Àngel Burgas reseña Duermevela (en català, Entreson); una mirada que invita a adentrarse en ese bosque frondoso, a través de interesantes referentes plásticos y literarios que asoman en el trabajo de Juan Muñoz-Tébar y Ramón París.

Melancolía

Tanto el Diccionari de la Llengua Catalana como el María Moliner, definen «entreson» (la versión original en castellano de Venezuela es Duermevela) como «medio sueño o sueño ligero». El título de este álbum que publica Ekaré, sin embargo, hace referencia a un estado, no solo a la calidad del dormir. Duermevela sería el tiempo (y el espacio) en el que uno tiene un pie en la realidad y otro en el sueño. Sería, pues, un concepto que transmitiría melancolía («tristeza vaga, sombría y duradera»). Frágil, irreal, alucinatorio, duermevela es el punto de salida de un mundo para entrar en otro, y así lo han representado los autores, ambos de Venezuela aunque residen en Barcelona.


El texto es breve y explica como Elisa, una niña que no consigue conciliar el sueño, se escapa a un mundo nocturno repleto de vegetación (¿una selva?) y habitado por animales salvajes (distinguimos un tigre, una serpiente, un cocodrilo , un armadillo ...) que, al parecer, no le da miedo. La acompaña un animal extraño, un oso hormiguero llamado Estebaldo, y ambos, exploradores intrépidos armados de precarias linternas (un farolillo Elisa, un frasco de vidrio lleno de luciérnagas Estebaldo), inspeccionan, descubren y analizan (pero no temen) el espacio de tierra, agua y cielo que rodea aquella selva oscura. Poco a poco, les llega el sueño, y entonces la niña regresa a la habitación y se queda dormida en su cama.


Los miedos nocturnos son un tema recurrente en los álbumes ilustrados. El mismo Muñoz-Tébar explica en una entrevista que la idea del libro surgió de constatar la dificultad de su hijo para conciliar el sueño. La novedad que, para quien esto reseña, aporta Duermevela es la actitud serena que transmiten tanto el texto como las ilustraciones. De entrada, comentar que todas las páginas del libro son negras. La noche, la oscuridad, no se escapa ni se contrarresta en ningún momento de la historia. La niña teme la oscuridad, pero se sumerge en ella valiente. El mundo en el que penetra a la manera de la Alicia de Carroll, no es una alternativa a la oscuridad sino que, al contrario, resulta ser un compendio de las cosas que provocan el miedo: la negra noche, los huecos de los árboles, los animales feroces. Elisa, sin embargo, no muestra angustia; más bien acepta que la noche (las pesadillas) contiene todo aquello que descubre.

Teatro Negro de Praga
De una forma deliciosa, Ramón París hace aparecer del negro del papel las formas de las cosas. Y nosotros pensamos en el Teatro Negro de Praga, donde los puntos de luz y de color estallan desde una nada angustiante. Elisa, como hemos dicho, va descubriendo los misterios que la negra noche esconde. No le importa meter la cabeza dentro de un agujero, o dentro del lago, y en las figuras que dibujan las estrellas reconoce formas animales que la ayudan a serenarse. Es la melancolía a la que nos hemos referido antes y que Lars Von Trier, el director sueco, retrató en un film titulado así.


Fotograma de Melancholia, de Lars Von Trier
Fotograma de Melancholia, de Lars Von Trier

Tenniel. Alice In Wonderland
Esta sensación de duermevela, de la tristeza vaga, de las cosas sin remedio ni explicación o cura, nos llevan de nuevo al mundo de Alicia. Curiosamente, el ámbito escogido por el ilustrador del álbum se parece al mundo de las maravillas de Caroll. La vegetación exuberante, los animales extraños, la niña que se conforma y acepta, y que gracias a ello aprende y, en cierto modo, se resigna. Otro posible referente del autor puede ser la imaginería prerrafaelita, el movimiento pictórico anglosajón de finales del XIX que mostraba personajes melancólicos en parajes de naturaleza exuberante y salvaje.


E.R Hughes (1901)

Alice in Wonderland, Tim Burton. Movie image 




Pintura de Rothko

La verticalidad de algunas de las composiciones tiene una lectura de arriba a abajo (o de abajo a arriba), como la tienen muchas obras de la pintura japonesa o las composiciones de Rothko: no las leemos de izquierda a derecha, sino de la parte superior a la inferior o viceversa. Este tipo de lectura conecta con la espiritualidad (nuevamente la melancolía). No todas las composiciones siguen esta ley en Duermevela, e incluso hay una, justo en el momento en que la niña y Estebaldo bostezan muertos de sueño, que es circular o elíptica, una especie de fuerza centrífuga que representa la somnolencia.
Al final, la niña vuelve a su cama y duerme (Alicia también se había dormido en el prado). Tal vez los motivos florales de la colcha y los árboles que se ven a través de la ventana la han llevado a imaginar una selva. Tal vez el gatito que duerme a su lado sea un alter ego de Estebaldo. Tal vez los puntitos del cielo en una noche de luna llena formasen animales si pudiéramos unirlos con un lápiz.



Tal vez, sí, estos miedos nocturnos que sufren muchos niños y niñas dejen de serlo cuando, atentos y melancólicos, acepten explorarlos. Seguramente no sabríamos definir el concepto de luz si no existiera el de oscuridad.

Reseña original en catalán: http://llibresalrepla.cat/?p=3285
Traducción al castellano: Merce Palomar

lunes, 22 de enero de 2018

Una ojeada digital: Serie Matías

En esta popular serie, la reconocida autora e ilustradora Rocío Martínez presenta a Matías, un topo artista, y sus entrañables amigos. Juntos experimentaran el mundo a través del arte: ¿cuáles son los verdaderos colores del cielo? ¿Cuál es la mejor forma de retratar a un amigo? ¿Cuántos usos puede tener un pequeño lápiz? Cada historia es un elogio a la creatividad e invita a mirar la vida desde diferentes perspectivas, como las pinturas del mismo Matías.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Matías, la serie del topo dibujante

Rocío Martínez, autora e ilustradora de la popular Serie Matías, nos acerca a los comienzos de la historia del topo artista, ideal para iniciar a los niños en el mundo del arte. 



Yo quería compartir con los niños esas frustraciones que tienes cuando estás aprendiendo a dibujar; cómo quieres que algo te salga bien y nadie te entiende, o cómo crees que algo te ha salido maravilloso y se estropea de la forma más tonta. Quería explicarles a los niños que eso nos pasa a todos: niños, mayores o topos.

Entonces escribí tres cuentitos: Matías dibuja el sol, Matías y el color del cielo y Matías pintor famoso. Hice unos bocetos, monté una maqueta de 9x9cm, tres ilustraciones a color, y me lo llevé a la Feria Infantil de Bolonia para presentarlo a editores. Allí los vio el que entonces era editor de Anaya Infantil, Antonio Ventura que, muy generosamente, me presentó a Verónica Uribe, editora de Ekaré, pensando que encajaban mucho mejor con el espíritu de esta editorial. ¡Acertó! Fue un encuentro muy grato pero breve, como ocurre en todas las ferias y más si has improvisado la cita (suerte que Verónica sabía de la buena intuición de Antonio). Dos días después, a su paso por Madrid, camino de Venezuela, me llamó para invitarme un café más largo y a formar parte de la familia Ekaré: ¡fue una sorpresa que aún recuerdo gratamente!

La idea les había gustado mucho, pero querían un tamaño y formato diferentes: 20x20 cm, en tapa dura, ¡todo un lujo! Y más porque se trataba de la primera publicación de la recién fundada Ekaré Europa. 

La edición fue un intercambio de correos fluidos, como quien tiene una charla sobre un hijo en común al que quieres. Trabajar con Verónica ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido en edición. Me hacía ver el libro "desde fuera", como lo hace el lector, pero sin perder la libertad que necesitamos los autores para contar lo que queremos.

Ya pasado un tiempo de su publicación, al releer Matías dibuja el sol, me di cuenta de que mis personajes no tenían una edad concreta. ¿Por qué?, porque ¡Samuel era padre! Sin embargo, los niños se identifican con Matías como si fueran niños de su edad, ¡esas incoherencias tan enriquecedoras de los cuentos!

Desde que publiqué Matías pierde su lápiz, el cuarto libro que nació de la pérdida de una persona muy querida para mí, tengo una cajita en la que voy guardando los lápices que se hacen pequeñitos.

El final de Matías retrata a Penélope, el quinto libro de la serie, no terminaba de llegarme. Barajé varias posibilidades, pero ninguna me gustaba. Hasta que un día, viendo una exposición sobre el retrato en el Museo del Prado de Madrid, me vino la idea: ¿cómo vería Matías esta exposición?, ¿le gustará retratarse?, ¿y retratar a sus amigos?

Para presentar la serie en Madrid, Irene Savino, su ingeniosa y sensible diseñadora, encargó unos Matías en pasta de papel. Me regalaron uno de ellos que me acompaña en los encuentros que tengo con niños. El pobre Matías ha pasado por tantas manos, incluidas las de mis hijos (mi hijo le dibujó algo en el cuaderno y mi hija le adornó la camiseta, "porque estaba muy sosa"), que ha sufrido algunos daños, incluyendo la pérdida de su lápiz que tuve que reponer. Matías, a pesar de ser un personaje imaginario, se deja querer.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Entrevista ilustrada: Rocío Martínez

Autora de la serie Matías, se especializó en grabado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Ha ilustrado para editoriales en varios lugares del mundo: Japón, Francia, Inglaterra, Venezuela y México. Fue seleccionada en 1997 y 2001 para exponer su trabajo en la Feria del Libro Infantil de Boloña. Ha ilustrado alrededor de veinticinco libros para niños, contando Escarabajo en compañía de Pep BrunoEn esta entrevista contesta con ilustraciones algunas de nuestras preguntas.

Si fueras un personaje de ficción,
¿cuál serías?

Matías retrata a Penélope. Ekaré, 2006
¿Qué libro te hubiese gustado escribir?
Donde viven los monstruos. Kalandraka, 2014
¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
De cómo nació la memoria deEl Bosque.  FCE, 2008
¿Qué cosa no te comerías nunca?
Dónde los guardaré para que no se pierdan. Ediciones SM,  2001 
¿A qué le tienes miedo?
María y la Luna. ANAYA, 2011   
¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
Matías retrata a Penélope. Ekaré, 2006
¿De dónde venimos?
Nanaquë. Thule Ediciones
¿Qué te inspira?
El de-sastre perfecto. Edelvives, 2010
¿Las vacaciones ideales?
Escarabajo en compañía. Ekaré, 2014

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Angela Lago: cuestionamientos y descubrimientos

Angela Lago (1945-2017) fue una escritora e ilustradora brasileña, autora del libro de Ediciones Ekaré, De noche en la calle. Durante algún tiempo se desempeñó como trabajadora social y, en 1972, realizó un curso de Diseño Gráfico en la Universidad de Napier en Edimburgo. Recibió numerosos reconocimientos internacionales, entre los que se destacan el premio Noma en 1986 y dos nominaciones al Premio Hans Christian Andersen en 1990 y 1994. A modo de homenaje, rescatamos un texto de la autora presentado en una feria del libro en 1995: con esto podemos acercarnos a uno de sus trabajos más emblemáticos. 


Es muy difícil teorizar cuando nuestros cuestionamientos y pequeños descubrimientos son distintos, son siempre otros, ante cada nuevo trabajo. Por eso, me permitiré contar aquí mi trayectoria personal. Ciertamente no es ninguna gran novela. Para que ustedes no se aburran mucho, la contaré de la manera más corta y sencilla posible.

A mediados de los 70 dejé mi empleo de asistente social –trabajaba en una clínica para niños con dificultades psicopedagógicas– y después de estar unos años fuera de Brasil, volví dispuesta a hacer lo que siempre he querido en la vida: contar cuentos para niños.


Pensaba que sería a través de los recuerdos de mi infancia que tendría paso a la infancia de los demás.
Empiezo a entender que la memoria es caleidoscópica. Es una invención siempre actualizada que reconstruyo de acuerdo con la óptica escogida.

Además, me pregunto si no debemos ofrecer a los niños trabajos sin visado en el pasaporte, sino, por el contrario, menos previsibles, aunque al principio quizás más difíciles de apreciar.


Fue con esta postura que, volviendo a la mesa de dibujo, intenté hacer el libro Cena de rua (De noche en la calle). En ese libro, no existe propiamente una historia. Si O Cântico dos Cânticos es un poema, éste quiere ser un reportaje, ser testigos de los niños de la calle. Opté por colores y pinceladas fuertes y no utilicé ningún detalle además de lo estrictamente necesario para referir el relato. En este libro no quiero distraer al lector.

Creo que De noche en la calle es mi mejor trabajo, a pesar de que es el menos querido por mi sobrino de seis años, con el que actualmente hago mi encuesta de opinión. La verdad es que Chiquinho tiene tal horror por este libro que a veces llego a pensar en la posibilidad de sugerir a mi hermana que lo utilice como castigo. Entretanto, Chiquinho se refiere a este trabajo más a menudo que a los otros y quiero creer que es el que más le impresionó.

En De noche en la calle solucioné mejor uno de los desafíos que más me interesa del libro de imágenes: el de la utilización de la unión central de las páginas. El diseño para el libro presupone el uso de ocho márgenes y no apenas los cuatro de una hoja sin doblar. La línea formada en el medio de dos páginas generalmente es para el ilustrador un problema a ser evitado. En este libro creo que conseguí utilizarla como un recurso para acentuar la emoción y el movimiento. O hice que coincidiese allí la esquina más lejana de una construcción en perspectiva. Cuando pasamos la hoja ese cuidado se hace sentir.



En verdad creo que las limitaciones y dificultades en el trabajo son estimulantes. Quiero aprender a confiar cada vez más en las posibilidades que ellas ofrecen, incluso en las que se abren por mis propias limitaciones y dificultades. Y también en los errores. Los errores, en los trabajos creativos, nos llevan a caminos casi siempre más interesantes que los simples aciertos.

Es, por lo menos, la más cómoda de mis convicciones. En realidad para nosotros, los que trabajamos para los niños, no hay muchas comodidades. Es que tenemos más que nadie, un compromiso con la verdad. Por eso nos cuesta, algunas veces, abandonar la dulzura por la pasión.



Texto publicado con mayor extensión en Hojas de Lectura, Nº 34, junio 1995.